Juró amarme. Prometió nunca haber siquiera pensado en otra. Me negó todo lo que los demás dijeron. Tanto cariño me mostró que me vi obligada a creer. Tanto fue que me obligué a ponerlo incluso antes que a mis amigos. Elegí creer en él porque era más fácil, dolía menos. Menos doloroso era pensar que el resto mentía, mucho más lo era pensar que él lo hacía. Una vez que podes creer, o crees poderlo hacer, todo se vuelve más fácil. Nada es cuestionable. Si el lo dice, así es! Es ahí, cuando crees ver todo tan claro, cuando de verdad duele. Cuando te bajas de la nubecita. Cuando te das cuenta que no estas en wonderland, ni sos Alice. Cuando tu conejo se convierte en rey de corazones. Suerte que Carroll nos dio al sombrerero.
No todo lo que muerde necesariamente es un lobo, pero todos los lobos necesariamente muerden. En pocas palabras, debe haber sido fácil estar en tu lugar. "Me pintaste el pasto de azul y resultó ser verde.", sabias palabras de algún alguien que solía ser mi amigo. Resulta que tuvo razón todo este tiempo, pero yo no lo quise ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario